Mentiras y verdades del sexo anal

Mentiras y verdades del sexo anal

El sexo anal ha sido desde siempre uno de los mayores tabúes en la la sociedad. Y sin embargo, nunca ha dejado de practicarse. El sexo en si mismo está aún envuelto en cierto secretismo, a pesar de que nuestra mente está mucho más abierta y lo tenemos más naturalizado. Pero en lo que se refiere a las prácticas anales, existen todavía un montón de mitos fruto de la desinformación que las convierten en algo misterioso, tan deseado como rechazado.

Mentiras y verdades del sexo anal

La satisfacción sexual está íntimamente relacionada con la mente y el cerebro. Esto quiere decir que si, por ejemplo, has tenido una mala experiencia, el solo recuerdo puede hacer que tu cuerpo reaccione a los estímulos. En el caso del sexo anal, las implicaciones psicológicas tienen mucho que ver ya que está bastante relacionado desde hace siglos con cierta carga ética. Al igual que otras prácticas que no tienen un fin reproductivo. 

En torno al sexo anal hay una serie de ideas, como que es sucio o que es una práctica prohibida, que son justamente lo que lo hace atractivo para unos y lo que provoca rechazo en otros. 

Ciertamente por cada verdad, hay varios mitos. Uno de los más extendidos es dar por sentado que es una práctica antihigiénica. El sexo anal solo es sucio es cuando se hace sin la higiene adecuada. Hoy día ya tenemos información suficiente para poder aplicar las técnicas de limpieza adecuadas, como defecar antes o utilizar un enema para eliminar residuos y lavar bien la zona con agua y jabón antibacterial. 

Otra idea errónea es que no es necesario usar preservativo porque no hay riesgo de embarazo. Sin embargo, la probabilidad de contagios e infecciones es alta, por lo que no es buena idea prescindir del condón. Además hay que cambiarlo si se va a alternar penetración anal con vaginal. 

Tiempo y lubricación

El sexo anal es una práctica bastante común que gusta a mucha parejas aunque uno de los tabúes más arraigados es el de que el rol pasivo ha de ser siempre cosa de mujeres o varones homosexuales. Cada vez son más los hombres heterosexuales que se animan a romper barreras para disfrutar de uno de los puntos más sensibles y eróticos de la anatomía masculina. 

A la hora de practicarlo hay dos máximas fundamentales: ir despacio y utilizar mucha lubricación. La musculatura de la zona debe ir dilatándose poco a poco y de forma natural y para ello hay que tomarse su tiempo entre juegos y caricias. Para facilitar la penetración, existen productos específicos que además de lubricar ayudan a relajar el esfínter. 

El sexo anal es tan antiguo como el ser humano y no tiene nada de antinatural ni de raro. No acarrea problemas físicos como hemorroides o distensión del recto. Y bien hecho, tampoco tiene por qué doler ni ensuciar.

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