¿Es la promiscuidad una adicción?

¿Es la promiscuidad una adicción?

La promiscuidad consiste en tener relaciones sexuales con varias personas, en lugar de mantenerse la estabilidad con una en concreto como promulga la monogamia. A menudo relacionada con la infidelidad o la adicción al sexo, no es más que una forma de disfrutar plenamente de nuestra sexualidad.

En qué consiste exactamente la promiscuidad

Quienes han recibido una educación sexual conservadora tienden a relacionar la promiscuidad con la adicción al sexo e incluso con la infidelidad. Esto se debe a que nuestra cultura apuesta por las relaciones monogámicas, y condena los encuentros sexuales cuya única finalidad es la de obtener placer sin más miramientos.

Esta cultura sexual tan limitante es más exigente con las mujeres, a las que se considera mujeres fáciles cuando eligen libremente tener varias parejas sexuales. Una educación patriarcal y machista que dificulta el que ellas puedan disfrutar de sus cuerpos con normalidad.

La promiscuidad no supone ningún daño para la salud ni es tampoco una patología o un trastorno. La forma en que la vemos responde a un filtro cultural, que es el que decide si se convierte en aceptable o si por el contrario debemos rechazarla.

Mientras no tenemos pareja estable, la promiscuidad no trae mayor inconveniente que un posible prejuicio por parte de otras personas. Pero, ¿qué sucede cuando nos encontramos en una relación de pareja?

La promiscuidad en las relaciones de pareja

Cuando nos encontramos en una relación, la promiscuidad es un debate que debemos poner sobre la mesa. En el caso de no hacerlo, estaríamos cayendo en la temida infidelidad. Acostarse con otras personas, así como no hacerlo, es algo de lo que deben ser conscientes ambas partes y acordarlo así.

La promiscuidad se relaciona, por tanto, con las relaciones de pareja abiertas. El grado de interacción sexual con otras personas lo decidirá cada pareja. Ya que podemos concebir la promiscuidad como la práctica sexual con cualquiera que nos atraiga, o bien reducir el espectro a únicamente aquellas personas por las que sentimos una atracción especial.

Lo más importante cuando tenemos una pareja estable es no mentir ni ocultar nada. Es posible también que solo una de las personas que forman la pareja sea la que es promiscua. Mientras la otra lo acepte y se tomen precauciones durante las relaciones sexuales para evitar el contagio de enfermedades, no habrá nada malo en ello.

Tendemos a relacionar a la pareja con una propiedad exclusiva. Sin embargo, el sexo es una parte más del conjunto de la relación. Del mismo modo en que tenemos amistades que son confidentes, podemos tener otras personas con las que compartimos un vínculo sexual. En ningún caso ello implica que no amemos a nuestra pareja o que le estemos faltando al respeto. Cuando las parejas sexuales comienzan a adquirir más importancia que esa, es cuando debemos replantearnos la relación amorosa que teníamos.

Si nos encontramos en pareja y deseamos tener relaciones con otras personas, o si no la tenemos y nos atrae la idea de la promiscuidad, no debemos reprimirnos y dejarnos llevar por prejuicios sociales. En nuestra sexualidad, mandamos nosotros/as.

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